Semblanza del héroe anónimo

Cuando vemos conscientemente Héroe de Zhang Yimou nos parece una estructura dramática que se desarrolla en torno a un héroe trágico y que parece bastante a lo que comúnmente conocemos como la tragedia helena. ¿Por qué? Seguramente porque desde un principio se nos presenta al protagonista, un tal “Sin nombre”. Coincidentemente la primera novela de viajes conocida por la humanidad nos habla de un héroe que se presenta por el nombre de “Nadie”. Se trata de ni más ni menos que el más astuto de los hombres, Ulises, el de aladas palabras. Para salvarse del salvaje Polifemo le afirma que se llama así, por lo que después el cíclope, cuando el héroe le entierra una estaca en su único ojo, lanza alaridos pidiendo ayuda a sus vecinos alegando que “Nadie lo ha cegado”. Así Odiseo se salva y huye, pero cuando está en el éxtasis embriagador de la victoria le grita a Polifemo su verdadero nombre, asunto que le traerá su ruina en el futuro. Mutatis mutandis el muchacho sin nombre permanence en el anonimato y está a salvo hasta que Qin descubre que las historia que le ha relatado es una mentira y se entera así de su verdadera identidad, es decir, de sus verdaderas intenciones. Así nos vamos enterando que el anonimato de este héroe en cuestión se acerca a todos los posibles mártires de la humanidad: o mejor dicho a todo aquel que posea naturaleza humana y que, por tanto como decía Aristóteles, posea todo en su alma. El tener todas las posibilidades de ser, de ejercitar nuestra voluntad hacia un bien superior (en el caso de la película la paz, el ser prudente con lo que estaba siendo testigo el “Cielo”) nos hace identificarnos a nosotros, simples espectadores, con un héroe que es casi un dios en el uso de las espadas, un ser que parece volar dentro de sus capacidades y por el cual se hincha la naturaleza y se vuelve de un color más poderoso. Este es uno de los hechos que hace a Sin nombre ser un héroe: que pese a que es un ser calificado sin peso por su propio apodo, tiene en sí mismo una fuerza sobrenatural que lo hace destacarse dentro de los otros hombres. Se podría decir que, como en el caso de los griegos, era un semidios que tenía una misión que le marcaba su destino. Este hado, esta Providencia lo movía a tener los asuntos claros cuando le tocaba mover cualquier pieza de su vida, así como cualquier héroe clásico occidental. También nos encontramos con otros semidioses con tallas de héroe en la película, como Espada Rota y Nieve Voladora, pero considero que ellos son accesorios para contra la historia de Sin nombre porque finalmente es él y solamente él el que se enfrenta al gran dragón, al Minotauro, al Miedo: el rey Qi. Es Sin nombre quién le da la cara dándole a entender por qué lo quería matar, pero también le da la clave para su redención, él es el chivo expiatorio para que terminen las matanzas. Es Sin nombre quien une las piezas del puzzle para que Qi se vea a sí mismo en un espejo y vea solución para tanta sangre derramada irracionalmente. Y de pasada, como todo héroe clásico, tiene una muerte gloriosa en batalla asesinado por el ejército del rey.
El paso final de este Sin nombre fue, en parte, dar a conocer su identidad, enfrentar el miedo que movía su vida hacia un único fin. Será quizás que un verdadero héroe, cuando llega la hora de su ensalzamiento, pierde sin remedio todas sus máscaras y se ve obligado a “explicar” su divinidad, cosa que lo mata como criatura superior. Hemos resuelto el enigma y es uno más de nosotros. Lo podemos sacrificar.

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