Envidia de dioses

Passing in Victoria Station, London (1951)/ Public Domain / Taken from the Toni Frissell Collection

Passing in Victoria Station, London (1951)/ Public Domain / Taken from the Toni Frissell Collection

Él escribe sentado en un vagón del Metro: “No había visto, una mujer tan….” No, no. Lo borra todo, mejor. “Me alegraste el día.” No. “Quién fuera…” Muy básico. “Mijita usté tan…” Em, no.

El hombre piensa: “es mejor esperar a que se baje del metro y decirle algo rápido, aprovechando a que se van a cerrar las puertas y todo estará a mi favor.” Estación Universidad de Chile.

“Eh, disculpa.”

“¿Sí?”

“Qué linda que eres… preciosa.”

A la mujer, tomada por sorpresa, se le rompe el taco, se le dobla el tobillo, cae de boca al suelo y llora de vergüenza. Se para rauda a la vez que impreca su suerte, se arregla la ropa y camina cojeando sin mirar atrás. Él, antes de perderla, le grita: ¡divina!

Maldita, maldita envidia de los dioses.

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