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Lo que esperamos de Tim Burton

Walt Disney Pictures

Walt Disney Pictures

Hoy se han liberado las primeras imágenes de Alice in Wonderland del  carismático Tim Burton y son sorprendentes, sin duda: nos llenan de esperanzas. Coincidencia o no, la semana pasada pude compartir con un grupo de amigos la lectura comentada de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas del sacerdote anglicano Lewis Carroll. Ninguno de los que integrábamos el grupo daba cátedra sobre el tema, muy por el contrario, tuvimos la suerte de poder hablar desde nuestros distintos ámbitos y experiencias, mientras Lewis Carroll se reía en silencio desde su rincón. Lo cierto es que esta obra es compleja, en un primer acercamiento uno no entiende bien por qué es una obra que está pensada para niños y cómo es que el autor la habría gestado contándole historias a unas niñas una tarde de calor. Fuera de las muchas malas lenguas de pobres fuentes que se puedan referir al británico, es una narración complicada, pero es una historia notable, buena y rescatable.

Una de las cosas fuera de lo común que tiene para la época en que fue escrita es que narrativamente es bastante cinematográfica: carece de explicaciones y se encarga más bien de las acciones, pasan y pasan cosas, mientras nosotros nos preguntamos si se trata de un sueño, de un mundo posible, de un espacio paralelo en el cual no rigen nuestras leyes o qué. Hay que pensar que nosotros, jóvenes o adultos, ya estamos con esos lentes un poco sucios que van de la mano con lo que es crecer y la pérdida de la inocencia. Aunque sabemos todavía que existe el juego y que, gracias a Dios, no todo tiene explicación, que hay que abandonarse y confiar. Nonsense o no, hay algo dentro de Alicia, que no sabemos si más bien era una moraleja para la niña o para el mismo Carroll. Pues bien, Tim Burton quiso hacerse cargo de esta tarea y le concedió a Lewis Carroll el entrar en su juego y atreverse a contar su verdad sobre la historia.

Queda esperar que nuestra especie de fe despositada en Tim Burton no sea en vano.

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Up: sin duda, no hay lugar como el hogar.

Guión y dirección: Pete Docter y Bob Peterson/ Música: Michael Giacchino/ Producción de Pixar presentada por Disney en versión original subtitulada o doblada al castellano/ 96 minutos/ Apta para todo público.

No es coincidencia  que en el 70 aniversario de El Mago de Oz se estrene Up, una película que habla sobre el valor de encontrar el espacio que nos corresponde sobre la tierra. Disney y Pixar no se viene con pequeñeces: a juzgar por mi disfrute de un par de sus creaciones, he llegado a pensar que sólo se  dedican a retratar personajes dignos de clásicos, que perduran en el tiempo y se quedarán por siempre en nuestra memoria como referente de grandes héroes. Esta vez, la unión de estas dos magnas compañías nos regala -envuelta en papel de lujo- una historia llamada Up, un cuento que hace alusión a muchas otras obras que podemos haber visto, como El castillo ambulante de Hayao Miyazaki, pero que resalta por sí mismo con una fuerza admirable.
Pete Doctor, director de  Monsters Inc.  y coguionista de la saga de  Toy Story  y de la memorable Wall-E, nos concede la historia sobre Carl Fredricksen, un anciano viudo y hosco de 78 años, y sobre el niño que se convertirá en su compañero de aventuras, Russell, un boy scout rechoncho de ocho años. Sin duda que Up no se entiende dejando de lado el prefacio que antecede a la aventura: la narración que de manera breve y limpia nos ilustra la infancia de Carl y el encuentro con una pequeña y despeinada amiga que luego se convertirá en su esposa, Ellie. Esta micro historia nos sensibiliza el cuerpo, poniéndonos ansiosos por ver a Carl bendito por algún buen pasar en su vejez, para así contrarrestar el dolor de haber perdido a su compañera del alma.
Comienza el viaje. Carl está motivado por hacerle un homenaje a su esposa fallecida, haciendo volar su casa con miles de globos, para así poder llegar a un lugar al que ella siempre ansió ir. Arriba de esa casa ya se nos ensalza el alma que remata con los paisajes que fueron tomados de locaciones reales de Venezuela, Brasil y Guyana. En medio de este “ensueño”, el hogar de Fredricksen será nuestro punto de referencia durante toda la obra, y de hecho él lo cuida como si se le fuera la vida en ello, reparando siempre en un retrato que tiene de Ellie. Cuando entra en escena Charles Muntz, viejo, mítico y despiadado explorador al que Carl admiraba, vemos cómo la casa comienza a estar en peligro, hasta ya la perdemos y sentimos un crac en nuestro corazón; sin embargo, la historia va más allá. No se queda en la pérdida o no de una vivienda, se trata de que Carl y su pequeño acompañante aprendan a encontrar (¿o a volver?) a dónde pertenecen y que así encuentren su residencia. De este modo, reflexionamos que la CASA no es un lugar físico, es un sitio en donde uno debe estar, el lugar y espacio al que uno pertenece en un momento indicado. Claro, el hogar que tenían Carl y Ellie tuvo su necesaria vida y sentido cuando estaban casados, todos esos años de proyectos, alegrías y penas juntos; ahora que ella ha partido urge que Carl siga viviendo, no vegetando, es elemental que se abra a las oportunidades y a las compañías que le regala la vida, es importante que, como le escribe la misma Ellie, vaya por más. Up es la historia de cómo el anciano Carl Fredricksen descubre su camino de vuelta a casa. Ver Up es reflexionar sobre lo alto, sobre valores universales, sobre lo que se nos olvida. Ver Up es gozar y recordar aquello de lo que estábamos seguros cuando éramos niños. Ver Up es doblar las rodillas ante la nostalgia, ante el amor sin apellidos, ante el juego sin trabas.

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¿Y dónde está el piloto?

Dos grandes, Pixar y Disney, nos cautivan esta vez con su última creación, Wall-E: una historia que no trata sólo de un robot -de ahí el título, el nombre del protagonista- y su tarea heroica en una tierra apocalíptica, una trama que no trata sólo de Wall-E y su historia de amor con Eve, una robot mejor que él, un cuento, un fábula, que no nos habla solamente del personaje principal, sino de todos nosotros, del camino heroico que significa aprender a ser hombres con los pies bien puestos sobre la tierra. Un robot que enseña a ser hombre.
La veracidad y simplicidad de esta película comienza con su presentación pues prácticamente no hay diálogos, demostrando cierta verdad en el típico sermón que se le da a los escritores de ficción: “show, don´t tell” (muestra, no digas). Con las primeras escenas del robot protagonista reciclando basura, guardando recuerdos, escuchando un viejo musical en un VHS, cargando su batería la sol, en fin, viviendo la simple rutina de su día, nos enteramos quizá de muchas más cosas (incluso más agudas) de las que podríamos saber sólo escuchando un diálogo entre Wall-E y su amigo cucaracha, por ejemplo. Se agradece que los creadores dejen esos espacios y le permitan pensar al espectador.
No es menor detalle el nombre de la gigante nave espacial en donde vive la humanidad “a salvo”: Axiom, una nave en la cual sus tripulantes tienen una proposición tan clara y evidente que la admiten sin necesidad de demostración. Ellos, lo que queda de los seres humanos, unos obesos mórbidos que han perdido hasta su forma material a causa de que las máquinas hacen todo, hasta el punto de ocuparse de sus relaciones sociales y alimentación, se limitan a vegetar y así cumplir con el único rigor de nacer, crecer, reproducirse y morir. Han perdido la curiosidad al creer estar viviendo en el tope de lo que podrían experimentar, divinizados, sobreviviendo en modo piloto automático. Nada más soporífero. En cambio, la curiosidad (de latín cur, por qué) que notamos desde el principio en Wall-E lo hace ser muy originalmente humano al querer resolver el problema de ese mundo devastado, mientras que los rechonchos del espacio creían tener todas las respuestas dentro de la nave Axiom. De hecho el primer despertar de curiosidad de la humanidad lo vemos casi al final en el capitán de la nave cuando le pide a la máquina central que defina lo que es bailar. Después de eso vendrá el poner en duda al piloto automático y al anuncio del presidente de Buy n Large que dice que la misión de re-habitar la tierra no será posible. Justamente lo imposible es el tema del robot protagonista, pues él, siendo una máquina pasada de moda, lerdo en movimientos, tiene la curiosidad necesaria, y con ello la astucia, que lo lleva a intuir que él puede resolver el problema del colapso de la tierra de alguna forma, no sabe bien cómo, pero cree que de alguna forma u otra lo puede lograr. Trabaja día a día en la tierra sin preguntarse, sin teorías, sabe que está vivo y que, estándolo, tiene una misión. En cambio, los inteligentes, los robots de avanzada, el piloto automático, el presidente de Buy n Large, aseveran que es irracional volver a la tierra pues la misión de limpiar el planeta había fracasado. Claro, es irracional, no hay nada más lógico, pero la idea de haber encontrado una mínima planta en el planeta tierra, permite a Wall-E y a su amada robotina, Eve, sospechar que no es tan descabellado aterrizar. Los robots que conocemos a través de la película hacen su trabajo sin cuestionarse, pero a excepción del dictador piloto automático, tienen buenos fines. Entendemos entonces que el papel principal lo debería llevar un ser humano racional, pues los robots sirven para servir al hombre, no para tomar decisiones sobre su camino. Cuando el capitán de la nave despierta de su sopor y está dispuesto a luchar cuerpo a cuerpo con el piloto automático con tal de llevar a toda la humanidad que tiene a cargo de vuelta a casa, entendemos que nuestra historia tiene una segunda oportunidad, esta vez quizá con el doble de esfuerzo.
Es así como Eve y Wall-E se reconocen en medio de un lugar que es todo menos el Paraíso. Lo que fue la tierra. Es la herencia de la humanidad, de los hijos de Dios. Ellos, hijos de hombre, deberán enseñar a volver a los humanos a donde pertenecen. Deberán motivarlos a volver-a-la-tierra con todo lo que ello implica. El músico inglés Peter Gabriel no pudo ilustrar mejor esta idea en la banda sonora de la película, titulando la canción principal Down to the earth, evocando la idea de volver a ser personas con los pies bien puestos sobre la tierra, ganándole a la fuerza de gravedad de la divinización del hombre. Extrañamente, en la historia que nos convoca, el maestro esta vez es un robot: de cara a él a nosotros nos quedaría aprender a ser, de nuevo, muy hombres.

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