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XI. La carta que encontraste sobre tu cama.

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Sincerémonos. José, por favor, seamos honestos. Hablemos con la verdad. No soy de las que tienen miedo, quiero saber si hay algo que no me hayas contado. Nada de lo que me puedas contar me va a aterrar. Tu sabes mi historia, sabes por lo que he pasado. No le temo a nada. El pánico para mi no existe. Háblame. ¿Te doy algo de lo mío? Estoy cansada de todo esto. De las leyes, de lo corrupto, de cómo se nubla el sol, de cómo la luz se entremezcla con lo falso, con las normas. Me desagradan los maestros de la ley en sus tronos paganos. No puedo dejar de pensar en esos tonos graves de Jesucristo Superestrella. ¿Te acuerdas? Si no me equivoco una vez la vimos juntos en tu casa, cuando todo era más fácil. La tengo en mi cabeza: Must die, must die, this Jesus must, Jesus must, Jesus must dieeeeee! ¿Te acuerdas? Yo sí, perfecto. Como si fuera ayer. Ayúdame a entender todo esto. Creo haber llegado entender que nadie más que tú me puede dar una explicación. Me hartan estos intelectuales, no hay nada de ellos que pueda desear. Aborrezco la academia. Estoy cansada, abatida, por las correcciones, los deberes. Quiero que todo esto se purifique, pero sin reglones humanos. Tú me tienes que entender, todo esto está podrido, qué más se puede hacer. No se puede hablar porque te censuran. Te cierran el pico a puntadas con agujas. La sangre chorrea y a nadie le importa. Todos cuidan sus bolsillos y listo. Uno trata de enseñarles en bien a sus hijos, pero no, cómo van a saber que sus mismísimos padres son corruptos. No, no, por favor, qué pecado, que el hijo no sea mejor que el padre, que no salga del barro. Padre hay uno solo. Que nadie se meta en mi billetera porque ahí está mi alma. Mi espíritu y mi todo. Qué mierda, estoy harta José, háblame con la verdad. Acuérdate de mi como esa niñita que conociste hace años, a la que le contabas todo. Yo escucho. Yo no enjuicio sobre “intimidades” inexistentes. Todo lo que ha sido creado parece hablarme, menos tú. Y sospecho que lo sabes. Espero tu respuesta.

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Primer Festival de Cine Juan Pablo II

La primera edición del Festival del Cine Juan Pablo II, inspirado en los ideales del recordado Pontífice de utilizar el arte para promover la fe, se llevará a cabo  en Miami (Estados Unidos) durante el fin de semana del 30 de octubre al 1º de noviembre de 2009, anunciaron esta semana los organizadores de la novedosa iniciativa.

El Festival «tiene el compromiso de mostrar películas de alta calidad, hechas por cineastas de todo el mundo que ilustren la fuerza de la fe en los momentos de crisis de la persona humana y que enfaticen la belleza, la lucha y los triunfos de la vida diaria», señalaron los organizadores. Laura Alvarado, Co-directora y Coordinadora del Evento, explicó además que «este festival, el festival de la gente, presentará películas que promuevan el amor, la dignidad humana, el respeto, el perdón, la compasión, y todos los momentos críticos y tribulaciones que ponen a prueba al cuerpo y espíritu del ser humano».

«La diversidad cultural y religiosa que ofrece Miami es el campo más fértil para darle vida a este festival interreligioso. Con su belleza geográfica y su clima envidiable, Miami es el lugar ideal para reunir a los cineastas de la fe», señala por su parte Rafael Anrrich, Co-Director del Festival y Director de Comunicaciones.

El Festival Internacional de Cine Juan Pablo II está aceptando el envío de películas en las categorías de largometrajes, cortometrajes y documentales hasta el 15 de agosto.

Todos las películas serán juzgadas de acuerdo a la expresión artística de Juan Pablo II, quien sostenía que «…a través de su creatividad artística, el hombre se asemeja más que nunca a la `imagen de Dios».

Más información: www.jp2filmfestival.com

FUENTE: aciprensa en http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=26344

Nadie mejor que vosotros, artistas, geniales constructores de belleza, puede intuir algo del pathos con el que Dios, en el alba de la creación, contempló la obra de sus manos. Un eco de aquel sentimiento se ha reflejado infinitas veces en la mirada con que vosotros, al igual que los artistas de todos los tiempos, atraídos por el asombro del ancestral poder de los sonidos y de las palabras, de los colores y de las formas, habéis admirado la obra de vuestra inspiración, descubriendo en ella como la resonancia de aquel misterio de la creación a la que Dios, único creador de todas las cosas, ha querido en cierto modo asociaros. (Juan Pablo II, Carta a los artistas, 1999)

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